Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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Vuelta a casa


Jorge se despertó en su cama. El Sol brillaba en el cielo y oía el canto de los pájaros. Se sentía un poco embotado y mareado.


- Ahh, ¿ya te has despertado?
- ¿Mama? -- pregunto Jorge.
- Claro, hijo, no voy a ser un hada. Ja ja ja. -- rió su madre -- ¿Te encuentras bien ?. Menudo susto me diste ayer.
- Sí, me encuentro bien, un poco mareado. ¡¡ Y con mucha hambre!!
- Bueno, es normal, ayer no se si comiste algo desde el desayuno. ¡¡ Dios Mío!! Catorce horas
fuera de casa.
- No recuerdo nada, mama. Se que estaba por el bosque, me acuerdo de un jabalí, que me caí al rió pero eso es todo. -- respondió Jorge.
- Sí, si, bueno. Ya hablaremos de eso. Voy a prepararte el desayuno y ahora me cuentas.

Y su madre salió de la habitación. Jorge estaba confuso. ¿Quizás habría perdido el conocimiento al golpearse contra una roca en el río? Pero algo aleteaba en sus recuerdos...


- Jorge, ¡¡ el desayuno!! -- Llamo Laura.
- Voy, mama. -- Respondió.

No podía evitar la sensación de que algo estaba mal, sentía como unos dedos estrujando su cabeza. Nervioso, metió la mano en el pantalón. Encontró una bolita de madera, en el bolsillo, y empezó a juguetear con ella, mientras entraba a la cocina.


- Tomate la leche, hijo. Ahora te doy unas galletas.


Jorge se sentó en la mesa, delante del tazón humeante. Saco la mano del bolsillo para agarrar el vaso, y, de pronto, la habitación se lleno de vida.


Era el perfume de las flores azules, lo reconoció de inmediato. Todo pareció iluminarse, los objetos, las caras, incluso los pensamientos.


- ¿Qué? ¿Qué es eso? -- pregunto Laura con la mirada brillante. -- ¿De donde sale ese maravilloso olor?
- No lo se, mama. No se de donde sale, pero sí se lo que es. Es el aroma de las flores azules. -- Respondió Jorge.
- ¿Las flores azules? Ummm, huele a primavera y a renacer. -- afirmo su madre, mientras una sonrisa se dibujaba en su boca.

Jorge no sabía como reconocía ese olor, tan solo algo en su mente lo asignaba a unas flores azules, de largo tallo y que se abrían en una única flor. Sabía que las conocía, más no sabia donde las había visto. ¿Quizás en un sueño?


Mientras pensaba eso, volvió a meter la mano en el bolsillo, y ahí se encontró de nuevo esa bola de madera. O al menos, ese tacto tenia, pues al sacarla para verla, se dio cuenta de que en realidad era como mármol. Un mármol azul, del que se desprendía ese maravilloso aroma, que ya impregnaba toda la casa.


- Mira, mama. De esta bolita sale el aroma. -- dijo Jorge, mientras se lo enseñaba a su madre.
- ¿Y de donde ha salido eso? -- pregunto.
- No lo se, mama. Me lo he encontrado en el bolsillo, pero no se como ha llegado ahí. Quizás es un trozo de algún árbol. Quizás se me metió en el río...
- No lo se, hijo. Pero sea, lo que sea, huele maravillosamente.

Ese mismo día, Laura y Jorge fueron al pueblo, a realizar las compras habituales. Todas las personas se les quedaban mirando, sorprendidas. Todos se querían acercar a ellos, a saborear el aroma que desprendían. Muchos les preguntaban por la marca del perfume, sonrientes, curiosos y contentos. Todos se mostraban expectantes, mostrando su deseo de comprarles la sustancia que despedía ese olor.


- No podemos venderles nada -- afirmaba Laura -- Pues nada tenemos. Es simplemente el olor del bosque.
- Te compro tu chaqueta -- afirmo una mujer -- ¡¡ Huele tan maravillosamente!!
- ¿Mi chaqueta? -- Pregunto Laura.
- Sí, y tus zapatos -- afirmo un hombre -- Te pagare lo que quieras. ¡¡ Y los del niño!!
- Como queráis -- dijo Laura -- Son solo unas viejas prendas. Os cobrare lo que me costarían unas nuevas.

La gente se apretujaba, intentando tocarles, arrebatándoles botones, pañuelos e incluso algunos les intentaban quitar pelos de la cabeza. Todo el pueblo estaba alborotado, siguiéndoles a todas partes. Al final, madre e hijo, se marcharon a su casa, seguidos por algunas personas, que, sonrientes, seguían pidiéndoles algún trozo de camisa, ropa interior o lo que fuera.


Al llegar a la casa, se encontraron, con que esta estaba totalmente impregnada del olor de las flores azules. Entraron a la cocina, miraron, encima de la mesa, donde habían dejado la bola de mármol y vieron que solo quedaba apenas un rastro de polvillo, que iba esparciéndose por toda la casa.


Detrás de ellos, entraron las personas del pueblo que les habían seguido. Estas sonreían, extasiados ante la presencia de los anteriormente tristes muebles, que ahora brillaban despidiendo ese aroma alegre.


Se adelanto Sergio, un carpintero del pueblo y les dijo:

- Te compro esta silla De su madera sacare los muebles mas maravillosos. Y esa mesa. Y ese Armario. ¡¡ Te lo compro todo!! -- Grito entusiasmado mientras su cara se iluminaba.


Laura miraba a su hijo. Miraba a la gente del pueblo y simplemente sonreía.


Vendieron todo, a muy buen precio. Durante mucho tiempo, los mismos cimientos de la casa seguían desprendiendo el aroma, por lo cual muchas personas se acercaban a oler y a comprar los diferentes objetos de la casa. Desde una cuchara a la cuerda de la persiana. Muchas personas les pedían que les dejaran pasar la noche en la casa, pues querían dormirse respirando esa atmósfera encantada.


Nunca más tuvieron problemas económicos. La gente los apreciaba pues el perfume que ellos mismos emitían, un aroma dulce que nunca perdieron, hacia que la gente buscara su compañía, siempre alegre.


Laura se volvió a casar. Jorge volvió a ser un niño feliz. Al cabo de unos años volvieron al pueblo y con el tiempo la casa quedó olvidada en el bosque, aun rodeada por un perfume dulce, que hacia que volvieras a recordar el olor de la ropa recién lavada por tu madre, cuando eras niño.


-- FIN --

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Te conjuro, espíritu del Mal, para que no te acerques a este blog, ni a su autor, ni a su familia; y que te alejes de esta medalla de San Benito bajo cuya protección y amparo ha sido colocada; en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos se contiene. Asimismo, que desaparezcan y se alejen de esta medalla toda la fuerza del Adversario, todo el poder del Diablo, todos los ataques e ilusiones de Satanás, a fin de que todos los que la usaren gocen de la salud de alma y cuerpo. Amén. Así sea.