| Tweetear |
| Tweetear |
A Baba Yaga no se le conoce marido
o consorte, a pesar de lo cual en algunos cuentos vive junto a sus hijas (hasta
41 según el relato). Estas suelen sufrir de forma indirecta los aviesos planes
de su madre y las estratagemas del héroe para evitarlos. Cuando Baba Yaga
ordena a su hija que lo meta en el horno, este acaba convenciendo a la muchacha
de que entre ella primero y al final a quien se come la bruja es a su propia
hija. Si Baba-Yaga ordena a sus sirvientes que maten al protagonista y a sus
hermanos mientras duermen en la izbushka, estos cambian antes sus ropas con las
hijas de la bruja, por lo cual los sirvientes, confundidos, las matan a ellas.| Tweetear |
Que recuerdos me trae el cuentacuentos, que tiempos aquellos, y que series televisivas se realizaban en aquellos tiempos, me encantaban y pienso que a todos de los de mi misma edad, por lo que decidí hacer un post sobre esta serie cargada de cuentos y leyendas entretenidas y mágicas.
El cuentacuentos de Jim Henson (creador de Barrio Sesamo, Fraguel Rock...) consta de 9 episodios, cada uno de ellos contados desde el punto de vista del narrador de historias acompañado de su inseparable y simpático perro, capaz de hablar con él.
Esta obra perfectamente narrada por un maquillado John Hurt recogía cuentos populares sobre todo de Alemania y Rusia, aunque también alguno Celta.
Para que veais todos los capítulos on-line o si preferís descargáoslo en vuestro PC, os dejo este interesante enlace, espero que os guste queridos visitantes…..
Como no podía ser de otra manera os dejo un vídeo del Cuentacuentos, que lo difruteis. Por cierto que se me olvidaba, os recuerdo una vez más que debeis parar el reproductor de la música de fondo del blog que se encuentra a la derecha del mismo, gracias…..
| Tweetear |
Ver otros capítulos aquí.
Vuelta a casa
Jorge se despertó en su cama. El Sol brillaba en el cielo y oía el canto de los pájaros. Se sentía un poco embotado y mareado.

Y su madre salió de la habitación. Jorge estaba confuso. ¿Quizás habría perdido el conocimiento al golpearse contra una roca en el río? Pero algo aleteaba en sus recuerdos...

No podía evitar la sensación de que algo estaba mal, sentía como unos dedos estrujando su cabeza. Nervioso, metió la mano en el pantalón. Encontró una bolita de madera, en el bolsillo, y empezó a juguetear con ella, mientras entraba a la cocina.
- Tomate la leche, hijo. Ahora te doy unas galletas.
Jorge se sentó en la mesa, delante del tazón humeante. Saco la mano del bolsillo para agarrar el vaso, y, de pronto, la habitación se lleno de vida.
Era el perfume de las flores azules, lo reconoció de inmediato. Todo pareció iluminarse, los objetos, las caras, incluso los pensamientos.

Jorge no sabía como reconocía ese olor, tan solo algo en su mente lo asignaba a unas flores azules, de largo tallo y que se abrían en una única flor. Sabía que las conocía, más no sabia donde las había visto. ¿Quizás en un sueño?
Mientras pensaba eso, volvió a meter la mano en el bolsillo, y ahí se encontró de nuevo esa bola de madera. O al menos, ese tacto tenia, pues al sacarla para verla, se dio cuenta de que en realidad era como mármol. Un mármol azul, del que se desprendía ese maravilloso aroma, que ya impregnaba toda la casa.
Ese mismo día, Laura y Jorge fueron al pueblo, a realizar las compras habituales. Todas las personas se les quedaban mirando, sorprendidas. Todos se querían acercar a ellos, a saborear el aroma que desprendían. Muchos les preguntaban por la marca del perfume, sonrientes, curiosos y contentos. Todos se mostraban expectantes, mostrando su deseo de comprarles la sustancia que despedía ese olor.
La gente se apretujaba, intentando tocarles, arrebatándoles botones, pañuelos e incluso algunos les intentaban quitar pelos de la cabeza. Todo el pueblo estaba alborotado, siguiéndoles a todas partes. Al final, madre e hijo, se marcharon a su casa, seguidos por algunas personas, que, sonrientes, seguían pidiéndoles algún trozo de camisa, ropa interior o lo que fuera.
Al llegar a la casa, se encontraron, con que esta estaba totalmente impregnada del olor de las flores azules. Entraron a la cocina, miraron, encima de la mesa, donde habían dejado la bola de mármol y vieron que solo quedaba apenas un rastro de polvillo, que iba esparciéndose por toda la casa.
- Te compro esta silla De su madera sacare los muebles mas maravillosos. Y esa mesa. Y ese Armario. ¡¡ Te lo compro todo!! -- Grito entusiasmado mientras su cara se iluminaba.
Laura miraba a su hijo. Miraba a la gente del pueblo y simplemente sonreía.
Vendieron todo, a muy buen precio. Durante mucho tiempo, los mismos cimientos de la casa seguían desprendiendo el aroma, por lo cual muchas personas se acercaban a oler y a comprar los diferentes objetos de la casa. Desde una cuchara a la cuerda de la persiana. Muchas personas les pedían que les dejaran pasar la noche en la casa, pues querían dormirse respirando esa atmósfera encantada.
Nunca más tuvieron problemas económicos. La gente los apreciaba pues el perfume que ellos mismos emitían, un aroma dulce que nunca perdieron, hacia que la gente buscara su compañía, siempre alegre.
Laura se volvió a casar. Jorge volvió a ser un niño feliz. Al cabo de unos años volvieron al pueblo y con el tiempo la casa quedó olvidada en el bosque, aun rodeada por un perfume dulce, que hacia que volvieras a recordar el olor de la ropa recién lavada por tu madre, cuando eras niño.
-- FIN --
| Tweetear |
Para ver otros capítulos picad aquí.
Milana
El insecto brillaba con pulsaciones, entre el azul y el blanco. Estaba quieto aunque algo que parecían alas no cesaba de vibrar. Jorge se acerco a él, atraído por su brillo. Cuando ya estaba apenas a un metro, el insecto levanto el vuelo, yéndose a posar en el suelo, detrás de el.
Jorge, se dio la vuelta y un resplandor lo cegó momentáneamente. Una figura se estaba formando ante sus ojos. Una mujer pequeña, apenas un metro y medio, de ojos claros, tez blanca y muy delgada, se formaba delante suyo, envuelta en un halo blanquecino. Era como siempre hemos visto dibujadas a las hadas, solo imaginaros una hermosa mujer, y así será Milana.

Ella sonreía pero sus ojos eran penetrantes.
Y Milana lanzo una risa que hizo vibrar todas las piedras que rodeaban la estancia. Y cada piedra le daba una entonación a la risa, de tal modo que fue como si campanas de alegría tañeran.
Y al decir esto, Jorge se puso a llorar.
Y se hizo la oscuridad.
Continuará...
| Tweetear |
El encuentro

Jorge miro alrededor, intentando buscar el camino a casa. No veía ningún camino ni senda en el bosque, pues todo el río estaba rodeado por una frondosa vegetación. Empezó a mover los arbustos buscando sendas que los animales habrían dejado. Se escabullo entre árboles, intentando alejarse varias veces del cauce para tener que volver a los pocos metros pues algún precipicio, denso matorral o simplemente el miedo a encontrarse más perdido que antes, le hacia volver al claro.
El tiempo pasaba y empezó a anochecer. Jorge empezó a tener frío y, ni aún el aroma que reinaba, le tranquilizaba de un medio creciente. Cuando ya la oscuridad era casi total, vio un resplandor encima de una de las flores azules, parecía una pequeña flor, esta de un blanco marfileño.
Pensando que podía ser un reflejo de la luna no le dio demasiada importancia, hasta que vio que la flor se movía, saltando de una flor azul a otra.
- ¿Quizás es un insecto? ¿Una luciérnaga? -- pensó Jorge.

Se acerco para verlo más de cerca y la luz se movió rápidamente, metiéndose entre unos matorrales pegados a la roca, por donde caía la cascada. Jorge la siguió y al mover los matorrales, se dio cuenta de que detrás de ellos había una abertura. Como cada vez hacía mas frío pensó que ahí estaría más cobijado, así que se metió entre los matorrales intentando resguardarse.

Efectivamente,ahí detrás de los matorrales, y con la montaña protegiéndole se estaba mucho mejor. Si solo no le salpicaran las gotas del agua, cuando alguna racha del viento las arrastraba. Intento agacharse, buscando mayor protección, y entonces volvió a ver esa luz blanquecina. Pero la luz estaba dentro de la cascada. Sí, claro, debía haber una especie de cueva detrás del agua. Ahí estaría mucho mas seguro y hasta es probable que, si era lo suficientemente amplia, el agua no le salpicara.
Se fue moviendo, pegado a la pared, con el agua apenas a unos centímetros de su cuerpo, hasta que llego a la abertura y entro.

La gruta era enorme y, sorprendentemente, no estaba oscura. Unas piedras como mármol semitransparente, despedían una luz azulada con tonos verdes que iluminaban toda la amplia sala. Esas piedras estaban a unos dos metros del suelo y formaban un anillo que rodeaban toda la gruta, de unos 15 metros de diámetro.
| Tweetear |
Para ver capítulo 1, haz click aquí.
El Río
Cuando vivían en el pueblo, Jorge tenia su grupo de amigos, todo eran risas y juegos. Después, cuando su padre murió, una nube de tristeza cubrió sus vidas.
Jorge, con apenas 6 años, echaba de menos a su padre, pero era un niño alegre y aunque tenía momentos tristes, su vida era, en general, alegre. Laura simplemente se hundió. Después de todas las deudas para pagar el tratamiento de Ramón, su marido, que había muerto de un lento cáncer, abatida ya por tantos meses de lucha, cuando todo termino fue como si algo se cerrara en su interior. No quería seguir allí, en el pueblo de sus padres, donde siempre había vivido, así que vendió la casa y el huerto y se construyo una casa lo más alejada de la humanidad, esperando que las heridas cicatrizarán.
En primavera, para Jorge, las mariposas eran sus compañeros de carreras, los mirlos, ardillas y algún ocasional cervatillo, sus trofeos nunca alcanzados. También estaban los jabalíes e incluso alguna serpiente, que le hacían correr aún más que las mariposas, pero esta vez, en dirección a la casa de su madre.

Todo empezó el 5 de Abril, estaba Jorge buscando piedras planas para tirarlas al río, pensando en hacer ranas, cuando escucho unas pisadas muy cerca de él. Se dio la vuelta sobresaltado, pues no era la primera vez, que las escuchaba y vio un jabalí mirándolo mientras rascaba con sus pezuñas el duro suelo. Jorge sabía lo que tenia que hacer, subirse a un árbol o si podía, dirigirse a casa, muy tranquilamente, para no asustar al animal. Pero esta vez se dio cuenta de que no podía hacer ninguna de las dos cosas, estaba enfrente del río, en un angosto camino, la única salida estaba tapada por el jabalí, que sin duda, había ido a beber.
El animal seguía acercándose, mirándole furiosamente, y Jorge vio que tendría que zambullirse en el río. Por suerte el día era bastante cálido, unos 17 grados, y el sol de las 12 de la mañana, brillaba lo que hacia aumentar la sensación de calor. Aún así, la primera sensación fue como si se metiera en hielo, pues el agua bajaba de la montaña, probablemente de algún glaciar a kilómetros de distancia.

Jorge empezó a patalear furiosamente, en parte por inercia, en parte por vencer la fuerte corriente que le arrastraba. El jabalí se le quedo mirando desde la orilla, durante breves segundos, para después beber la fría agua, ignorando la presencia del niño. Cuando el animal sacio su sed Jorge intento acercarse a la orilla pero la corriente era demasiado fuerte y además, se dio cuenta demasiado tarde, seria imposible salvar el medio metro de desnivel hasta la orilla. Así que, casi exhausto, se dejo arrastrar por la corriente, esperando que pronto hubiera algún remanso donde subir a tierra.
Pero en vez de ello el río tomaba cada vez más rapidez y pronto empezó a asustarse pues el agua era blanca, rápida y, escuchaba, cada vez más cerca, el sonido de una cascada. De pronto, después de una brusca curva, vio el desnivel. No sabía cuantos metros caería el agua, pero se imagino que serian bastantes pues el ruido era ensordecedor y el se sentía como un corcho en mitad de una tormenta. Nada podía hacer y su último pensamiento, antes de precipitarse, fue para su padre:
- Quizás pronto me reúna contigo.
Continuará...





























































Te conjuro, espíritu del Mal, para que no te acerques a este blog, ni a su autor, ni a su familia; y que te alejes de esta medalla de San Benito bajo cuya protección y amparo ha sido colocada; en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos se contiene. Asimismo, que desaparezcan y se alejen de esta medalla toda la fuerza del Adversario, todo el poder del Diablo, todos los ataques e ilusiones de Satanás, a fin de que todos los que la usaren gocen de la salud de alma y cuerpo. Amén. Así sea.