Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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El termino aromaterapia indica el uso de esencias aromáticas, conocidas también con el nombre de aceites esenciales o aceites volátiles, con objeto de asegurar el bienestar integral del individuo, prevenir la enfermedad y curar los padecimientos físicos mentales emocionales y espirituales.

Los aceites esenciales son esencias no grasas, particularmente concentradas de alguna de las partes de una planta: flor, resina, corteza, raíz, cáscara, hojas, fruto.

Los aceites esenciales son fracciones volátiles obtenidas de la planta mediante destilación en corriente de vapor. Presentan una composición compleja. Son poco solubles en soluciones acuosas. Estimulan intensamente el olfato, en cuanto se volatilizan a temperatura ambiente.

Son dos los principales métodos de extracción: destilación y expresión. En el proceso de la destilación las gotas de esencia de una planta se obtienen utilizando un alambique. El método de expresión esta basado en la presión en frío de la cáscara y se usa particularmente en los cítricos. Los aceites esenciales presentan una concentración extremadamente elevada. Por esta razón su producción requiere de una gran cantidad de materia prima. Por ejemplo para obtener 90 ml de aceite esencial de lavanda se requieren 100kg de la planta.

La Aromaterapia ha estado presente en todas las civilizaciones del mundo antiguo, desde la Mesopotámica y la Egipcia hasta la Griega y la Romana, donde su valor fue equivalente al del oro y las piedras preciosas. Basta pensar en la magia de capturar un aroma, perpetuarlo y ungir nuestro cuerpo con él.

En este mundo antiguo, la aplicación de la aromaterapia fue básicamente en baños y masajes. Estas civilizaciones entendían el valor de la medicina preventiva y en este tenor la aromaterapia junto con el masaje general o zonal, esto es la reflexología, juegan un papel decisivo para mantener al organismo sano.

Los egipcios fueron los grandes comercializadores de los aceites esenciales, permitieron un gran intercambio de ellos, por lo que ya desde la antigüedad la variedad que se ofrecía era muy extensa.

En Roma tenían una gran demanda, ya que no podemos olvidar la importancia política y social que tenían los baños públicos, con sus salas para masaje y sus selectas áreas privadas con baños aromáticos.

A la caída del imperio romano, en occidente se pierde la tradición del baño. Era una época de invasiones, de inestabilidad en todos los ámbitos, de asentamientos humanos dispersos sin unidad política y mucho menos intercambio comercial.

En oriente se preservaron las tradiciones y la producción y comercialización de los aceites esenciales continuó. Una vez restablecido el orden en Europa y gracias al intercambio cultural, que aportaron las cruzadas, la aromaterapia regreso formalmente al viejo continente. Paso el tiempo y de la alquimia se paso a la química. La humanidad estaba orgullosa, de poder extraer principios activos del reino vegetal y poder integrarlos a un cuerpo vehicular (pastilla, jarabe, solución inyectable) para ser suministrados a los pacientes. Pero la forma de ver la enfermedad también cambio. La medicina tenía cada vez mas simpatizantes, que la veían en forma correctiva y no en forma preventiva.

Los aceites esenciales fueron relegados. Su aplicación era básicamente en la industria de la perfumería y es así, como llegamos hasta el padre moderno de la aromaterapia: Maurice Gatefossé, quien en 1937 tuvo un accidente en el laboratorio, que le produjo fuertes quemaduras. Para confortarse, metió la mano en una cubeta de aceite esencial de lavanda y quedo sorprendido por el confort que le produjo, además de evitar el daño de la piel, lo uso como tratamiento de la quemadura y vio que la regeneración fue asombrosa. Viviendo la experiencia en carne propia, decidió investigar mas sobre las propiedades de los aceites esenciales y sus aplicaciones terapéuticas.

En su afán de promover su fabuloso descubrimiento, se enfrento con un público, que ya estaba acostumbrado a recibir la curación en forma oral y son muy pocos los aceites esenciales que se pueden ingerir. Debido a que la mejor manera de beneficiarse de ellos era a través de masajes, La aromaterapia se limito a tener un alcance solo en tratamientos dermatológicos y en la industria de la perfumería.

No obstante la aromaterapia empezó a tener seguidores, que obtuvieron beneficios adicionales, a los meramente dermatológicos. En la actualidad, es reconocida ampliamente y aplicada exitosamente en salas de masaje y en los mas costosos y famosos SPA del mundo.

El uso de los aromas y los aceites vegetales data de por lo menos 3500 años antes de Cristo y fueron utilizados sobre el cuerpo como elementos curativos, cicatrizantes, protectores de malos espíritus, y en los distintos rituales que se llevaban a cabo. Por ejemplo, era muy común que antes de una contienda los guerreros limpiaran y protegieran sus cuerpos con pequeños golpes, utilizando ramas de albahaca, con el fin de alejar los malos espíritus que creían que depositaban sus contrincantes en ellos.

Recientemente en Irak, en el año 1975, se descubrió un esqueleto de alrededor de sesenta mil años de antigüedad que tenía a su lado depósitos de polen de milenrama, hierba cana y jacinto racimoso, plantas que aún cultivan y utilizan para curar los campesinos de ese país.

Los egipcios, griegos, romanos y chinos han tenido una gran incidencia en el desarrollo de la aromaterapia en el mundo, y se han destacado grandes investigadores como Teofrasto, considerado uno de los precursores en el uso terapéutico de los aceites. En casi todos los antiguos cultos, desde el comienzo de los tiempos los seres humanos se han sentido atraídos por los fascinantes aromas de la naturaleza que, sabia como siempre, les ha indicado a través del olfato los benéficos aportes para la curación de enfermedades del cuerpo y del alma.

El hombre primitivo tuvo que desarrollar sus poderes sensorio-intuitivos para lograr la supervivencia. Es así como aparecen las hierbas, frutos y raíces comestibles, a los que muy pronto les descubren poderes medicinales y mágicos. También advirtieron que algunos aromas causaban euforia o excitación, y otros podían inducirlos al sueño o a la meditación.

Podemos considerar a los egipcios como los descubridores de la aromaterapia, pues según Jean Valnet, utilizaron una forma primitiva de destilación para extraer los aceites esenciales de las plantas, calentándolos en ollas de arcilla cuya boca era recubierta con filtros de lino; al subir, el vapor traía consigo los aceites esenciales y éstos quedaban impregnados en el filtro, el cual era estrujado para obtener el aceite esencial que era utilizado en medicina y para todo tipo de rito religioso. Registros arqueológicos documentan haber encontrado ollas de destilación que se remontan a 3500 años a. C.

Los griegos toman las experiencias egipcias y, como grandes alquimistas, purificaron el sistema de destilación preservando la fragancia y pureza de los aceites, pues para ellos las plantas aromáticas constituían una forma de vida que incorporaban a sus baños, alimentos, ritos y magia, o en forma de ungüentos para preservar la salud física y mental. Ya Hipócrates afirmaba que el baño y masajes con aceites esenciales, aseguraban la longevidad.
 
Los árabes, en el siglo XI, perfeccionaron el arte de la destilación para aislar los principios activos de los aceites de las plantas, método que se atribuye al famoso Avicena (médico, astrónomo, matemático y filósofo árabe), quien introdujo el sistema de refrigeración en el proceso de destilación. Esto hizo que el proceso de extracción de aceites esenciales tuviera menos desperdicios y mayor pureza.

La aromaterapia hace su inicio en el mundo moderno cuando, en el siglo XX, René Maurice Gatefosse (químico francés), llamado "el padre de la aromaterapia moderna", la incorpora a la medicina natural. Todo sucedió cuando, trabajando en su laboratorio, tuvo grandes quemaduras en una mano y la sumergió en un recipiente de aceite esencial de lavanda comprobando así los efectos curativos, que no sólo le calmaron el dolor sino que evitaron la infección y no dejaron rastro alguno del incidente.

También en la aromaterapia moderna, en Milán (Italia), el Dr. Paolo Rovesti aliviaba la depresión y estados de ansiedad haciendo oler a sus pacientes trocitos de algodón embebidos en aceite esencial, estimulando su sistema límbico y liberando así situaciones traumáticas.

El médico y cirujano Jean Valnet aportó la mayor contribución a la aromaterapia para ser valorada y reconocida como medicina capaz de curar. Utilizaba aceites esenciales para las heridas y quemaduras de los soldados en la Segunda Guerra Mundial, logrando con ello aliviar tanto problemas físicos como mentales en pocos días, corroborando así la rapidez con que actúan los aceites en el organismo.

En cuanto a la aromaterapia holística, es pionera la bioquímica francesa Margueritte Maury (austríaca de nacimiento), a quien no convencía suministrar los aceites por vía oral; y basándose en las distintas formas de incorporarlos al organismo, desarrolló una técnica de masaje aplicando aceite en los centros nerviosos de la columna vertebral y en el rostro. Ella introdujo la proporción de la fórmula específica de los aceites en cada cliente que visitaba su gabinete para embellecerse y rejuvenecer; pudo comprobar así que en muchos de ellos habían desaparecido dolores crónicos de cabeza, dolores reumáticos y estados de insomnio, y que los efectos eran prolongados.

En 1962 y 1967, Margueritte Maury fue premiada internacionalmente por sus investigaciones sobre los aceites esenciales y la cosmetología al servicio de la salud.

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