Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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El murciélago, con su aspecto de diminuto diablo vagabundo, es siempre un poco la huidiza representación del miedo. Su figura de máquina voladora del Renacimiento, su negro e impreciso color, su penetrante y agrio chillar e incluso su extraña forma de dormir, son elementos suficientes para que en su entorno se levantara la fábula del pavor y el artilugio del espanto.

Para la mayoría de las personas estos animales evocan historias de casas encantadas, cementerios y vampiros sedientos de sangre. Pero la verdad de estas historias son tan fascinantes como los mitos de los que se ven rodeados. Los murciélagos, lejos de ser los monstruos de las leyendas populares, tienen verdaderamente una importancia capital para la vida de nuestro planeta.

La general aversión que acompaña a estos animales ha de atribuirse a sus hábitos nocturnos, a su semejanza con los ratones, a su atemorizadora estructura facial, a la extraña conformación de sus extremidades o al ámbito siniestro de sus refugios. Su extravagante aspecto ha hecho que la imaginación popular los convierta en animales de mal agüero, compañeros inseparables de brujas y duendes.

SIMBOLISMO Y SUPERSTICION

El murciélago, por su condición de mamífero y volador, sirvió a Pedro para recrear la fábula en la que estaban los pájaros en guerra con los cuadrúpedos, con la explicación moralizante de que cualquiera que desea congraciarse con dos bandos contrarios, acabará por resultar ingrato a ambos. Alusiva a su carácter de mamífero, es la adivinanza que dice: "Estudiante que estudias filosofía, ¿cuál es el mamífero que vuela y cría?".

A este mamífero, por su similitud con el ratón, se le ha llamado ratón volador. En esta característica basa Esopo la fábula El murciélago y las comadrejas, en la que instruye sobre la necesidad de adaptarse a las circunstancias y cuya moraleja tiene un matiz político. San Isidoro dice que es un animal semejante al ratón, emite chillidos y por su aspecto externo es un ave y un cuadrúpedo al mismo tiempo.

En la antigüedad el murciélago era símbolo de vigilancia o alerta y se decía que su ojo protegía contra la somnolencia. En este sentido el mismo Alciato compara el murciélago con un discípulo de Sócrates que, por estudiar y trasnochar para sus estudios, llegó a perder el color y se puso macilento y amarillo. La lección que debemos extraer es que no se pueden realizar tareas sin un trabajo dedicado y constante. Según el Libro de las utilidades de los animales, cuando se pone la cabeza de este animal en una almohada bajo la cabeza de un hombre, éste ya no duerme.

Eliano recoge la creencia de que un simple toque de los murciélagos hace hueros e infecundos los huevos de las cigüeñas y para evitarlo llevan hojas de plátano a los nidos; así, cuando se acercan a ellos se quedan paralizados e imposibilitados de hacer ningún daño.

Para los griegos el murciélago era un animal híbrido, de aspecto siniestro y fantasmal. Fue considerado símbolo de inteligencia seguramente por su habilidad para volar por la noche sin tropezar con los obstáculos. Por su condición híbrida, descrita en los libros de Historia Natural, se le ha atribuido el simbolismo de la hipocresía. También contribuyó a este significado la fábula etiológica de Esopo titulada "El murciélago, la zarza y la gaviota".

Junto a las rapaces nocturnas se les ha bautizado como los señores de las tinieblas. En una de sus fábulas Esopo comenta que, como la lechuza y otras aves nocturnas, huye de la luz del día porque cometió un delito y desea ocultarse; en este caso simboliza a los que se esconden de los acreedores. Alciato, en su emblema LXII, dedicado al murciélago, que aparece al atardecer, sirve para designar a los hombres de mala fama, que no salen de casa ni a lugar público por temor a la justicia, a los filósofos que están ofuscados y sólo ven falsedades y a los astutos que hacen obscuros manejos y no tienen crédito en ninguna parte. Según Marino Ferro en algunas obras de inspiración germánica es atributo de la envidia, pues lo mismo que el murciélago no vuela más que al caer la noche, los envidiosos trabajan en la sombra y no se muestran a plena luz. Piero Valero asocia la luz con la sabiduría, mientras que las tinieblas en las que realiza su actividad el murciélago, representan la ignorancia.

En muchos bestiarios medievales se afirma que allí donde los murciélagos se deciden por una estancia prolongada, se sujetan unos a otros y forman grandes racimos, una especie de recíproco servicio de amor como sólo raramente puede encontrarse en los humanos. Esta actitud elogiosa no logró imponerse en la creencia popular.

Una antigua superstición estaba arraigada en algunas comarcas rurales donde había la costumbre de clavar murciélagos en las puertas para la protección contra demonios nocturnos y maléficos. Gotas de sangre de murciélago bajo la almohada de una mujer le aseguraban la bendición de tener hijos. Se tenía al murciélago gran simpatía como remedio contra las plagas de hormigas, langostas y la mordedura de serpientes.

En occidente se le considera como una criatura siniestra que presuntamente se enreda en los cabellos de los seres humanos. En Soria, cuando entra un murciélago en una casa, creen que va a morir uno de la familia; si se posa sobre algún familiar, el muerto será él. En Cantabria se decía que eran criaturas sietemesinas de diablos que esperaban en el crepúsculo a las brujas para acompañarlas a Cernégula (Burgos) cuando estaban colgados de alguna viga. El odio del vulgo a estos animales se explica porque lo suponían una forma de transmutación de las brujas y sabían del uso que de ellas se hacía. Señalar que en la misma región, de esta criatura noctivaga, se recoge la curiosa adivinanza que indica la postura adoptada al cobijo de algún alero.

"Sin plumas vuela y cabeza abajo duerme".

Amades menciona la creencia de que cuando los murciélagos vuelan alejados de zonas pobladas, es señal de buen tiempo, puesto que, cuando la temperatura es baja, nunca se alejan de los núcleos de población. También se cree que cuando vuelan en abundancia y por la noche anuncian buen tiempo.

En muchos pueblos españoles, especialmente castellanos, tienen la costumbre supersticiosa de clavar detrás de la puerta un murciélago que haya entrado en la casa, porque se considera un amuleto de buena suerte.

En la fauna, hay animales para los que existe un nombre objetivo, pero a los que se les atribuyen características reales o imaginarias, muchas veces heredadas de supersticiones y miedos atávicos, que translucen creencias en los nombres que reciben. La expresividad maléfica del murciélago se manifiesta en la tradición de algunos lugares de la geografía gaditana con denominaciones como diablillo y pajarito del diablo. Sin embargo, en el folklore popular el nombre de murciélago es una denominación jocosa para personas trasnochadoras.

Los fenómenos celestes y las constelaciones ocupan un lugar selecto en los mitos etiológicos de América del Sur. Así, entre los bakairi es creencia muy difundida que los eclipses están causados por inmensos murciélagos que esconden el cielo con sus alas.

Para los indios zuni los murciélagos son anunciadores de la lluvia. En un mito de los indios chami, el héroe mítico Aribada mata el murciélago Inka, para apoderarse de su poder de adormecer a sus víctimas.

En la mitología Yanomami, Murciélago se desplazaba de un lugar a otro y resucitaba a los Yanomami que estaban muertos. Acudía junto a aquellos a los que afligía un duelo e incluso tenía el poder de hacer revivir a los niños cuyo cadáver ya olía mal. Cuando quería hacer recobrar la vida a un muerto, deslizaba los dedos a lo largo de las cuerdas de la hamaca donde yacía el difunto y suavemente le palpaba recobrando la vida.

Según Lévy-Straus, de forma general, los mitos asocian estos animales con la sangre y los orificios corporales. Así los Kogis de la sierra de Santa Marta (Colombia) conciben una asociación entre el murciélago y la sangre menstrual. ¿Te ha mordido el murciélago? se preguntan las mujeres para saber si una está indispuesta. Los jóvenes dicen de una muchacha núbil que ya es mujer, puesto que el murciélago la ha mordido. También en la mitología de los Kogis, el murciélago es el primer animal de la creación, producto del amor incestuoso entre el sol y su hijo.

En Tikopia (Polinesia) la gran mayoría de especies se asocian con seres sobrenaturales. Los indígenas cuentan que cuando un hombre sorprende a un murciélago que come frutos en su jardín o que roe una nuez de coco, si es una persona prudente, no busca matarlo, pero se contenta con hacerlo huir, rezándole bajo el nombre de Pu (antepasado), en el momento que alza el vuelo batiendo las alas, para ir a buscar su alimento a otra parte. Se trata con miramiento, por miedo de que no sea más que un atua (espíritu) disfrazado de animal, pues no le perdonará tratarlo brutalmente y se vengará volviendo continuamente a robar su fruta.

En África, según una tradición iniciática peúl, el murciélago reviste una doble significación. Por un lado es la imagen de la perspicacia ya que ve incluso en la obscuridad cuando todo el mundo está sumergido en la noche. Por el otro es la figura del enemigo de la luz, del extravagante que hace todo a contrapelo y que ve todo al revés como un hombre suspendido por los pies.

Cuenta Frazer que en algunas tribus de Victoria (Australia) el murciélago pertenece a los hombres, que le protegen de todo daño, aunque tengan que matar a la mitad de las mujeres para su seguridad. La celosa protección se basa en que el hombre cree que su propia vida, la de su padre, hermanos, hijos y demás parientes, está ligada con la de los murciélagos particulares y que, protegiendo la vida de este animal, protege la de todos sus parientes masculinos tanto como la suya propia.

Es posible que las grandes poblaciones de murciélagos inspirasen a nuestros antepasados a venerarlos como símbolos de fertilidad. Así, en Australia eran un tótem sexual para los aborígenes. En algunas zonas de México, las mujeres embarazadas continúan visitando las cuevas habitadas por los murciélagos portando ofrendas para pedir un parto fácil como el de estas criaturas.

HECHIZOS Y REMEDIOS MAGICOS

El médico Arnaldo de Vilanova escribió un tratado sobre los hechizos que ofrece numerosos remedios para la impotencia causada por la magia y señala que la brujería es ocasionada por una inscripción con caracteres escritos con sangre de murciélago.

La obra más famosa de magia astral fue un texto árabe conocido en occidente como Picatrix y traducido al castellano a instancias de Alfonso X el Sabio. En ella se ofrece una lista de sustancias mágicas con propiedades maravillosas, entre las que figuran el cerebro de abubilla y la sangre de murciélago.

A los murciélagos se les han atribuido poderes naturales. Así, las brujas de las diferentes razas primitivas las utilizaban como parte de sus amuletos y los brujos Ndoki se servían de ellos para volar. También en los preparativos del aquelarre, para empezar, se preparaba el ungüento o grasa de las brujas en cuya composición entraba sangre de abubilla y de murciélago, polvo de campana y hollín. En todas las épocas han existido recetas y fórmulas destinadas a curar. Así, el Libro de las utilidades recomienda la bilis del murciélago mezclada con espinas de serbal y si se echan gotas en el ojo corrige la hemeralopía. Los antiguos egipcios, para la irritación de la córnea, prescribían un remedio a base de estiércol de murciélago, pues es rico en vitamina A y es también un excelente antibiótico que se corresponde con el tratamiento moderno. Y si se frota la frente de una mujer a la que le resulte difícil parir, dará a luz. Si una persona se unta la parte inferior de los pies con su cerebro, prolonga la duración de su coito. Su excremento mezclado con arsénico y vinagre agrio, y untado en el cuerpo después de la depilación, hace que no salga pelo. Los eruditos recopilaban este saber popular y codificaban esas fórmulas eternas. Este es el caso de Alberto Magno con su obra de vulgarización "Gran Albert", donde se habla de secretos maravillosos y naturales. Los libros de los antiguos doctores árabes contienen numerosas prescripciones que utilizan animales completos o partes de los mismos y los charlatanes medievales de Europa los incluían frecuentemente en sus curas. Binger menciona una receta poco amante de estos animales. Cuando alguien padece de ictericia, debe ensartar el murciélago con cuidado para que permanezca vivo y luego atarlo con su espalda contra la suya. Después, debe atárselo sobre el estómago, hasta que muera.

Se trataba de que el animal pudiera sacar la enfermedad del cuerpo del paciente y atraerlo hacia el suyo. En la India se venden todavía murciélagos en bazares para fines médicos. Se les quitan sus pieles frescas y se aplican a las partes enfermas del cuerpo. En el folklore cubano, sus huesos, en polvo, mejoran la vista debilitada, y se ve en la oscuridad. Si a un niño se le da a comer uno, jamás se embriagará cuando sea hombre. También es un remedio eficaz contra la epilepsia cuando la Luna está en menguante.

En la tragicomedia de Lisandro y Roselia se dice que la Celestina utilizaba en los hechizos erótico-maléficos todo un conjunto de porquerías que iban desde tripas de alacrán y cangrejo, hasta sangre de murciélagos, estiércol de lagartos, huevos de hormigas,...

DIOSES O DEMONIOS

No podemos saber la idea que el hombre primitivo tenía de este vecino cavernícola, pues, aunque vivía en las mismas cuevas, no lo representó en sus pinturas rupestres. Las primeras noticias sobre el murciélago nos llegan, a través de la Biblia, donde se le muestra como animal impuro y es considerado como encarnación del demonio al que en numerosas ocasiones se le representa con alas de murciélago (Fig. 2). Moisés los consideraba impuros y prohibió a los israelitas que los tocaran. Este quiróptero está incluido entre las "aves abominables" del Levítico (11, 19), pese a su carácter mamífero, según el simplismo de la clasificación zoológica mosaica. También lo encontramos en Isaías (2, 20): "Aquel día arrojará el hombre a sus ídolos entre topos y murciélagos".

En Europa se temió con frecuencia a los murciélagos, que fueron relegados a la sombra de lo sobrenatural, pero para algunas civilizaciones formaban parte del orden natural de las cosas.

La mitología maya honraba a un murciélago en su panteón de deidades: el dios Zotz. Se representaba como a un humano con la cabeza y las alas extendidas de los murciélagos y lo reverenciaban sacrificándole animales y llevando tamales y flores. Los mayas lo consideraban como el dios del Mal, y ahora sabemos que ya desde entonces tenía capacidad de transmitir la rabia; no se ha podido comprobar su presencia en los restos humanos que han llegado a nuestros días. Evidentemente, todo indica que ese temor que sentían y la adoración que profesaban al vampiro estaba íntimamente relacionado con la presencia de rabia, pues en el Popol-Vuh se hacen referencias directas de que eran transmisores de esta enfermedad. Pueden observarse imágenes de esta figura en columnas de piedra, jeroglíficos y jarrones de arcilla que fueron hallados en las excavaciones cerca de los templos de hace 2000 años.
 
Thompson, uno de los más prestigiosos investigadores sobre la cultura maya, cuenta algunos de los dichos populares. Uno de ellos es que, cuando una persona no puede recordar lo que iba a contar, es que "el murciélago se ha llevado su historia".

En el Popol-Vuh, se dice que el cuarto lugar de castigo en Xibalbá era la casa de los murciélagos, en donde había muchos de ellos encerrados que chillaban y revoloteaban constantemente, una de las regiones subterráneas que es necesario atravesar para alcanzar el país de la muerte. Es igualmente la divinidad de la muerte para los mejicanos, que lo asocian al punto cardinal norte y lo representan a menudo combinado con una mandíbula abierta, a veces reemplazada por un cuchillo de sacrificio. Parece tener igual función para los indios tupi-guaraní del Brasil, y para los tupinamba el fin del mundo será precedido por la desaparición del sol devorado por un murciélago. Los mayas lo representan con ojos de muerto y lo nombran "aquel que arranca cabezas". En el códice Vaticano b aparece un personaje con un disfraz de quiróptero, posiblemente un vampiro, ya que el cuerpo del animal es rojizo y lleva en sus manos sendas cabezas de las que emanan chorros de sangre. Como el vampiro es el único animal que chupa sangre de los seres vivos, ello hace pensar que este animal se asoció con los sacrificios cruentos.

La importancia de los murciélagos y vampiros en el pensamiento mesoamericano se advierte en que un pueblo del estado de Chiapas adoptó el nombre de tsotsiles "hombres murciélago".

Su condición de animal nocturno ha servido para incluirlo entre los animales satánicos. Pero, además, su figura, como la del diablo, se asemeja a una pequeña caricatura humana. Según Baltrusaitis, las primeras representaciones del Diablo con alas de murciélago son del siglo XIII. En la antigua Roma, el divino Basilio escribió: "el murciélago por naturaleza está relacionado con el demonio". En el período Barroco también se le consideraba el símbolo del anticristo y por tanto del demonio. Esto explica por qué el arte cristiano representa al demonio y a su séquito infernal con las alas de murciélago, mientras que a los ángeles se les muestra con alas de pájaro.

Algunas personas los temen por ser compañeros del diablo, otros por ser emisarios de la muerte. Han recibido nombres tales como ratones voladores, aves sin lengua, rata de la suerte, ave de las brujas y arranca pelos.

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